“Alzando Jacob sus ojos, miró, y he aquí venía Esaú, y los cuatrocientos hombres con él; entonces repartió él los niños entre Lea y Raquel y las dos siervas. Y puso las siervas y sus niños delante, luego a Lea y sus niños, y a Raquel y a José los últimos. Y él pasó delante de ellos y se inclinó a tierra siete veces, hasta que llegó a su hermano. Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron.” Génesis 33:1-4

Hace unos días recibí un mensaje de texto de nuestra hermana Nadia. Dicho mensaje texto decía de la siguiente manera:

“Alabo a Dios con todo mi ser. Hoy me paré en el mismo sitio donde recibí al Señor por primera vez. Fue como revivir el momento. Damas fueron tocadas y alabanzas subieron al cielo. Toda la gloria es de Él. Estamos en victoria.”

Si no les contare esta historia ustedes no sabrían de donde Nadia me estaba llamando. Para empezar ella no estaba en un club privado hablándoles a damas de la sociedad. Ella se encontraba hablándole a un grupo de confinadas en la cárcel de mujeres de Columbus. Me llama la atención que fue en ese lugar donde ella recibió a Jesucristo y mucho más la expresión que Nadia hace de un grupo de mujeres que han perdido su libertad y están detrás de unas rejas. A pesar de eso ella no les llama confinadas, usa la bella palabra de “damas.” Que hermosos es ver el amor de Cristo reflejado en nuestros hermanos y saber como Dios levanta nuestras vidas y las convierte en un vaso de honra.

Nadia ha sido nombrada como interprete en la corte y le han permitido visitar la cárcel de mujeres para ser consejera. Si mal no recuerdo las cárceles tienen leyes donde una persona que ha estado presa no puede visitar las cárceles. Pero así es Dios; honra a los que les honran y pone su tesoro en vasos de barro para que la excelencia de su honra sea de El y no de nosotros. Cuando veo esta hermosa historia de la vida de Nadia pienso en Jacob y su encuentro con Esaú, Génesis 33:4 “Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron.” Como Nadia, Jacob vivió una vida a su manera. Todas las cosas que obtenía las había obtenido de manera incorrecta.

La vida de Jacob lo había llevado a estar lejos de su familia. Vivir entre personas extrañas y no poder estar en los momentos difíciles de los seres que amaba (Isaac y Rebeca). Nuestras desobediencias muchas veces nos llevan de derrota en derrota y nos alejan de la bendición que Dios tiene para nosotros. Si pudiéramos entender que la obediencia paga, que tiene sus frutos en esta vida y aun en la venidera. Pero gracias a Dios por su amor que nunca se agota, que nunca pierde la esperanza de alcanzarnos y de llevarnos al centro de su voluntad. Jacob tuvo un Bet-el que cambió su vida y Nadia tuvo el suyo. Ambos regresaron al lugar de partida en victoria. Amada iglesia, a veces en el caminar de nuestra vida necesitamos retornar al lugar que una vez nos vio salir en derrota; decir que hay esperanza, nueva vida en aquellos que se encuentran con Dios en Bet-el. Amigo, quizás escuches este escrito o pueda llegar a tu mano, busca ese encuentro que cambie tu vida y podrás retornar en victoria. Que así nos ayude Dios.

Les ama su pastor,

Pedro F. Díaz

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